A pesar de que la diatermia, según su acción fisiológica principal, es un tratamiento térmico, no coinciden sus indicaciones con las de los métodos caloríferos practicados desde antiguo, tales como las aplicaciones de vapor o de aire caliente y los baños de lodo o las envolturas de arena. Las razones de ella son diferentes.
Es la primera de índole puramente externa, y consiste en la relativa complicación técnica del tratamiento diatérmico. Exige éste, no solamente un instrumental costoso, sino también conocimientos especiales y práctica para manejarlo. Se deduce claramente de esto que la termopenetración eléctrica no se halla nunca justificada, si puede conseguirse el mismo fin por medios más sencillos: por ejemplo, un tratamiento por aire caliente o hasta una simple compresa.
Otra razón que separa el campo de indicaciones de la diatermia del de los otros métodos térmicos es su inigualada acción profunda. Hace ésta posible conseguir efectos caloríficos incluso en órganos profundos, como el corazón, los pulmones, el útero y su anexos, completa o casi completamente inaccesibles a los métodos antiguos. La diatermia está llamada, pues, a ampliar el círculo de indicaciones de la termoterapia, a extenderla hasta un campo que hasta ahora nos estaba vedado.
Puede unirse a estas diferencias, que determinan la aplicabilidad terapéutica de la diatermia, todavía otra, y no insignificante: la acción específica del calor producido por el alta frecuencia. Cuando se trabaja como fisioterapeuta con distintos métodos caloríficos, se tiene con frecuencia ocasión de observar qué dolores por completo superficiales, como las neuralgias cutáneas, adiposlagias, etc. No reaccionan a un tratamiento largamente proseguido con aire caliente, vapor o lodo, al paso que ceden en un tiempo sorprendentemente corto a las aplicaciones diatérmicas. Esta experiencia nos hace adquirir la convicción de que el calor de la alta frecuencia posee en muchos casos una acción específica que, por carecer de ella las restantes aplicaciones térmicas, le asegura posibilidades de empleo peculiares.
Puede subrayarse, además, que el calor no es dosificable de un modo tan preciso en ninguna de sus formas de aplicación hasta ahora conocidas, como en la diatermia. Hace ésta posible emplear desde las más débiles hasta las más intensas hipertermia, por gradación de la intensidad; y variar momentáneamente, si es necesario, el grado de calor. Ninguno de los otros métodos térmicos permite una regulación tan fina y tan rápido ni se aproxima a ella siquiera.
Pueden clasificarse en tres grupos, correspondientes a las tres acciones fisiológicas más importantes de la termopenetración. Son éstas:
Naturalmente, esta clasificaciones algo esquemática. En la práctica nunca debemos un buen éxito terapético a una de estas tres acciones, sino a la adición de los efectos dirigidos en el mismo sentido de varias de ellas. Si basamos nuestro estudio sobre tal agrupación esquemática, es para facilitar una ojeada de conjunto sobre el campo de indicaciones.
También son influidos favorablemente por la diatermia dolores de otros tipos, y, sobre todo, las crisis lancinantes de los tabéticos. En los fenómenos de excitación sensible, tales como los que tan frecuentemente arraigan sobre un fondo neurasténico, he visto actuar a la diatermia, análogamente, como un preciosos medio. Tales, las sensaciones en el territorio del corazón, las manifestaciones dolorosas en el estómago, el intestino, la vejiga y otros órganos internos. Una diatermia general débil actúa también muy favorablemente sobre la excitabilidad general, el insomnio y los disturbios psíquicos de los neurasténicos.
Estos hechos me llevaron a ensayar terapéuticamente la diatermia en la excitación hipertónica de los músculos estriados, y de hecho he visto a veces una acción favorable en el temblor nervioso, en los espasmos musculares, en la esclerosios múltiple, etc. La acción antiespasmódica que posee la diatermia caracteriza a las corrientes de alta frecuencia entre todos los restantes tipos de corriente, que, en cualquier forma de aplicación, actúan sobre el músculo excitándolo o elevando su excitabilidad.
Desde este punto de vista, son indicaciones, en primer lugar, las numerosas afecciones articulares que desde antiguo se han señalado como modificables favorablemente por el calor: artritis deformante, artritis crónica progresiva, artritis gonorreica, etc. A ellas se unen las enfermedades etiológicamente próximas de las vainas tendinosas, de los músculos y de los huesos.
La acción profunda de las corrientes de alta frecuencia nos permite también emplear terapéuticamente el calor en las enfermedades de los órganos internos. Se han tratado con buen resultado enfermedades de los pulmones y de la pleura, inflamaciones adhesivas crónicas del estómago, del intestino y de la vesícula biliar. Observaciones semejantes se han hecho en el tratamiento de las cardiopatías y de las enfermedades del riñón.
Ha adquirido la diatermia una extensa y fructífera aplicación en el dominio de las ginecopatías, en las cuales, como medio de tratamiento conservador de las afecciones inflamatorias crónicas útero-anexiales, desempeña un importante papel. Endometritis, perimetritis, parametritis y tumores anexiales constituyen un agradecido objeto de estudio para la diatermia.
Se emplea la termopenetración de un modo análogo en las enfermedades de los órganos sexuales masculinos, rindiendo sobre todo buenos servicios en la prostatistis crónica y en la epididimitis. También se ha aplicado con éxito la diatermia en las enfermedades oftalmológicas y otorrinolaringológicas.
Podría pensarse, finalmente, en toda una serie de indicaciones todas ellas dependientes de la acción estimulante de la diatermia sobre la circulación. Son trastornos circulatorios del tipo de la angioesclerosis (claudicación intermitente), el espasmo o la parálisis vascular (enfermedad de Raynaud) y las congelaciones. En las arterioesclerosis general también podemos elevar la circulación periférica por medio de termopenetraciones generales módicas y conseguir así la desaparición de los distintos trastornos de los enfermos. El descenso tensional que acompaña a casi todas las diatermias generales procura también al método una indicación en la hipertensión arterial.
3. Las contraindicaciones de la diatermia
Son principalmente de dos clases: las hemorragias o la propensión a ellas y los procesos infecciosos agudos.
1. Las hemorragiasconstituyen una contraindicación, porque la experiencia enseña que la diatermia, con la acción hiperemizante, aumenta el derrame o puede provocarlo cuando existe una predisposición al mismo. En consecuencia, deben evitarse las termopenetraciones pulmonares cuando existe o acaba de calmarse una hemoptisis. También es regla abstenerse de la diatermia en las enfermedades de los genitales femeninos cuando van acompañadas de hemorragias. Se deduce de esto la prohibición de emprender una diatermia pelviana en la época menstrual. También está contraindicada durante el embarazo. Creo conveniente en los aneurismas las aplicaciones diatérmicas débiles, que no influyen sobre la presión arterial. Se consiguen así efectos muy favorables sobre los trastornos subjetivos. En todo caso, la peligrosidad del objeto de trataminento exige la más atenta precuación.
2. Procesos infecciosos agudos (supuraciones).
La diatermia está contraindicada además en todos los procesos infecciosos agudos, sobre todo cuando propenden a la supuración o existe simultáneamente fiebre. Pertenecen a ellos las enfermedades agudas dolorosas de las articulaciones; las inflamaciones agudas de los órganos internos, como las pleuritis y apendicitis, o las peri- y parametritis agudas, las enfermedades anexiales; las otitis medias febriles, etc. Enseña la experiencia que la diatermia produce en tales casos, según se conocía ya por el empleo de aire caliente o de otros procedimientos de hiperemia activa, un aumento de los dolores y de los fenómenos inflamatorios locales y una elevación de la fiebre, con lo cual se corre el peligro de una extensión perifocal del proceso. Los casos recientes y muy dolorosos de ciática, neuralgia braquial y otras neuralgias, en los cuales la termopenetración acarrea de ordinario una intensificación de los dolores, son también contraindicaciones para la diatermia. Otras son las cosas de las inflamaciones crónicas, cuya curación puede ayudarse con ella, a merced de su acción antibacteriana y resolutiva y de la mejoría del movimiento hemolinfático.
No debe olvidarse que la diatermia, como otros muchos métodos físicos, es una temperatura de excitación. El calor que provoca y la hiperemia que desencadena son síntomas inflamatorios, puesto que calor y rubor representan los dos caracteres clínicos más importantes de la inflamación. En muchos casos de enfermedades crónicas son deseables un aumento de la inflamación y una agudización del proceso, que permiten elevar la reacción defensiva del organismo y mueven así a la curación. Es distinto cuando el organismo se encuentra ya en el punto culminante de la lucha defensiva. Entonces es ya un exceso cualquier aumento de la reacción , y el estímulo superfluo añadido no actúa excitando, sino paralizando la función lo que haremos será perjudicar a las células en su lucha contra las enfermedades, en lugar de ayudarlas. En la diatermia, como en todo otros tratamiento excitante, el arte del terapeuta está en medir exactamente la cuantía del estímulo comunicado.