GENERALIDADES
SOBRE INDICACIONES Y CONTRAINDICACIONES
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La
relación entre la diatermia y los restantes métodos térmicos
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Las
indicaciones de la diatermia
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La
acción analgésica
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La
acción antiespástica
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La
acción hiperemizante y excitadora del metabolismo
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Las
contraindicaciones de la diatermia
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Hemorragias
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Procesos
infecciosos agudos (supuraciones)
GENERALIDADES
SOBRE INDICACIONES Y CONTRAINDICACIONES
1.
La relación entre la diatermia y los restantes métodos térmicos
A pesar de que la diatermia,
según su acción fisiológica principal, es un tratamiento
térmico, no coinciden sus indicaciones con las de los métodos
caloríferos practicados desde antiguo, tales como las aplicaciones
de vapor o de aire caliente y los baños de lodo o las envolturas
de arena. Las razones de ella son diferentes.
Es la primera de índole
puramente externa, y consiste en la relativa complicación técnica
del tratamiento diatérmico. Exige éste, no solamente un instrumental
costoso, sino también conocimientos especiales y práctica
para manejarlo. Se deduce claramente de esto que la termopenetración
eléctrica no se halla nunca justificada, si puede conseguirse el
mismo fin por medios más sencillos: por ejemplo, un tratamiento
por aire caliente o hasta una simple compresa.
Otra razón que
separa el campo de indicaciones de la diatermia del de los otros métodos
térmicos es su inigualada acción profunda. Hace ésta
posible conseguir efectos caloríficos incluso en órganos
profundos, como el corazón, los pulmones, el útero y su anexos,
completa o casi completamente inaccesibles a los métodos antiguos.
La diatermia está llamada, pues, a ampliar el círculo de
indicaciones de la termoterapia, a extenderla hasta un campo que hasta
ahora nos estaba vedado.
Puede unirse a estas
diferencias, que determinan la aplicabilidad terapéutica de la diatermia,
todavía otra, y no insignificante: la acción específica
del calor producido por el alta frecuencia. Cuando se trabaja como fisioterapeuta
con distintos métodos caloríficos, se tiene con frecuencia
ocasión de observar qué dolores por completo superficiales,
como las neuralgias cutáneas, adiposlagias, etc. No reaccionan a
un tratamiento largamente proseguido con aire caliente, vapor o lodo, al
paso que ceden en un tiempo sorprendentemente corto a las aplicaciones
diatérmicas. Esta experiencia nos hace adquirir la convicción
de que el calor de la alta frecuencia posee en muchos casos una acción
específica que, por carecer de ella las restantes aplicaciones
térmicas, le asegura posibilidades de empleo peculiares.
Puede subrayarse, además,
que el calor no es dosificable de un modo tan preciso en ninguna
de sus formas de aplicación hasta ahora conocidas, como en la diatermia.
Hace ésta posible emplear desde las más débiles hasta
las más intensas hipertermia, por gradación de la intensidad;
y variar momentáneamente, si es necesario, el grado de calor. Ninguno
de los otros métodos térmicos permite una regulación
tan fina y tan rápido ni se aproxima a ella siquiera. |
| 2.
Las indicaciones de la diatermia
Pueden clasificarse en
tres grupos, correspondientes a las tres acciones fisiológicas más
importantes de la termopenetración. Son éstas:
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La
acción analgésica
-
La
acción antiespástica
-
La
acción hiperemizante y excitadora del metabolismo
Naturalmente, esta clasificaciones
algo esquemática. En la práctica nunca debemos un buen éxito
terapético a una de estas tres acciones, sino a la adición
de los efectos dirigidos en el mismo sentido de varias de ellas. Si basamos
nuestro estudio sobre tal agrupación esquemática, es para
facilitar una ojeada de conjunto sobre el campo de indicaciones.
1.
La acción analgésica nos es útil en
las enfermedades dolorosas de los tipos más diferentes. Entran en
ellas, en primera línea, las denominadas neuralgias, mialgias y
artralgias. La diatermia nos ofrece un valioso auxilio sintomático
para su tratamiento. A l lado de las neuralgias de los nervios periféricos
quiero colocar aquellos estados dolorosos que podemos considerar como neuralgias
viscerales y que tienen su más típica representación
en la angina de pecho y en la dispragia angioesclerótica intestinal.
La acción favorable, maravillosamente favorable a veces de la diatermia
sobre tales estados, ha sido encomiada repetidamente.
También son influidos
favorablemente por la diatermia dolores de otros tipos, y, sobre todo,
las crisis lancinantes de los tabéticos. En los fenómenos
de excitación sensible, tales como los que tan frecuentemente arraigan
sobre un fondo neurasténico, he visto actuar a la diatermia,
análogamente, como un preciosos medio. Tales, las sensaciones
en el territorio del corazón, las manifestaciones dolorosas en el
estómago, el intestino, la vejiga y otros órganos internos.
Una diatermia general débil actúa también muy favorablemente
sobre la excitabilidad general, el insomnio y los disturbios psíquicos
de los neurasténicos.
2.
La acción antiespástica. Lo mismo que sobre
los nervios sensibles, actúa sedativamente el calor diatérmicos
sobre los nervios motores excitados hipertónicamente. Emana de aquí
la indicación de la diatermia en los distintos estados de excitación
de la musculatura lisa. Así se emplea con buen éxito en los
espasmos de la musculatura gástrica (cardio y piloroespasmo); en
los del intestino, manifestados en ocasiones en forma de dolores cólicos
y en otras bajo el cuadro de la constipación espástica; en
los de las vías biliares y urinarias, etc. Tales estados de excitación
desaparecen a menudo con admirable rapidez bajo la influencia de la termopenetración
eléctrica.
Estos hechos me llevaron
a ensayar terapéuticamente la diatermia en la excitación
hipertónica de los músculos estriados, y de hecho he visto
a veces una acción favorable en el temblor nervioso, en los espasmos
musculares, en la esclerosios múltiple, etc. La acción antiespasmódica
que posee la diatermia caracteriza a las corrientes de alta frecuencia
entre todos los restantes tipos de corriente, que, en cualquier forma de
aplicación, actúan sobre el músculo excitándolo
o elevando su excitabilidad.
3.
La acción hiperemizante y excitadora del metabolismo.
Debe la diatermia un tercer grupo de indicaciones a su acción sobre
el movimiento hemo-linfático, traducido en forma hiperemia e hiperlinfa
activas , y con la cual está en dependencia el efecto excitador
sobre el metabolismo y la reabsorción de productos patológicos.
Estas acciones constituyen los fundamentos de su fructífera aplicación
en los distintos procesos inflamatorios subagudos y crónicos, en
los cuales logra ayudar a la curación mejorando la circulación
general y local y haciendo reabsorber los exudados. Como la diatermia actúa
al mismo tiempo como analgésica, se eleva su valor terapéutico.
Desde este punto de vista,
son indicaciones, en primer lugar, las numerosas afecciones articulares
que desde antiguo se han señalado como modificables favorablemente
por el calor: artritis deformante, artritis crónica progresiva,
artritis gonorreica, etc. A ellas se unen las enfermedades etiológicamente
próximas de las vainas tendinosas, de los músculos y de los
huesos.
La acción profunda
de las corrientes de alta frecuencia nos permite también emplear
terapéuticamente el calor en las enfermedades de los órganos
internos. Se han tratado con buen resultado enfermedades de los pulmones
y de la pleura, inflamaciones adhesivas crónicas del estómago,
del intestino y de la vesícula biliar. Observaciones semejantes
se han hecho en el tratamiento de las cardiopatías y de las enfermedades
del riñón.
Ha adquirido la diatermia
una extensa y fructífera aplicación en el dominio de las
ginecopatías, en las cuales, como medio de tratamiento conservador
de las afecciones inflamatorias crónicas útero-anexiales,
desempeña un importante papel. Endometritis, perimetritis, parametritis
y tumores anexiales constituyen un agradecido objeto de estudio para la
diatermia.
Se emplea la termopenetración
de un modo análogo en las enfermedades de los órganos sexuales
masculinos, rindiendo sobre todo buenos servicios en la prostatistis crónica
y en la epididimitis. También se ha aplicado con éxito
la diatermia en las enfermedades oftalmológicas y otorrinolaringológicas.
Podría pensarse,
finalmente, en toda una serie de indicaciones todas ellas dependientes
de la acción estimulante de la diatermia sobre la circulación.
Son trastornos circulatorios del tipo de la angioesclerosis (claudicación
intermitente), el espasmo o la parálisis vascular (enfermedad de
Raynaud) y las congelaciones. En las arterioesclerosis general también
podemos elevar la circulación periférica por medio de termopenetraciones
generales módicas y conseguir así la desaparición
de los distintos trastornos de los enfermos. El descenso tensional que
acompaña a casi todas las diatermias generales procura también
al método una indicación en la hipertensión arterial.
3.
Las contraindicaciones de la diatermia
Son principalmente de
dos clases: las hemorragias o la propensión a ellas y los procesos
infecciosos agudos.
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Hemorragias
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Procesos
infecciosos agudos (supuraciones).
1. Hemorragias
1. Las hemorragias
constituyen una contraindicación, porque la experiencia enseña
que la diatermia, con la acción hiperemizante, aumenta el derrame
o puede provocarlo cuando existe una predisposición al mismo. En
consecuencia, deben evitarse las termopenetraciones pulmonares cuando existe
o acaba de calmarse una hemoptisis. También es regla abstenerse
de la diatermia en las enfermedades de los genitales femeninos cuando van
acompañadas de hemorragias. Se deduce de esto la prohibición
de emprender una diatermia pelviana en la época menstrual. También
está contraindicada durante el embarazo. Creo conveniente en los
aneurismas las aplicaciones diatérmicas débiles, que no influyen
sobre la presión arterial. Se consiguen así efectos muy favorables
sobre los trastornos subjetivos. En todo caso, la peligrosidad del objeto
de trataminento exige la más atenta precuación.
2.
Procesos infecciosos agudos (supuraciones).
La diatermia está
contraindicada además en todos los procesos infecciosos agudos,
sobre todo cuando propenden a la supuración o existe simultáneamente
fiebre. Pertenecen a ellos las enfermedades agudas dolorosas de las articulaciones;
las inflamaciones agudas de los órganos internos, como las pleuritis
y apendicitis, o las peri- y parametritis agudas, las enfermedades anexiales;
las otitis medias febriles, etc. Enseña la experiencia que la diatermia
produce en tales casos, según se conocía ya por el empleo
de aire caliente o de otros procedimientos de hiperemia activa, un aumento
de los dolores y de los fenómenos inflamatorios locales y una elevación
de la fiebre, con lo cual se corre el peligro de una extensión perifocal
del proceso. Los casos recientes y muy dolorosos de ciática, neuralgia
braquial y otras neuralgias, en los cuales la termopenetración acarrea
de ordinario una intensificación de los dolores, son también
contraindicaciones para la diatermia. Otras son las cosas de las inflamaciones
crónicas, cuya curación puede ayudarse con ella, a merced
de su acción antibacteriana y resolutiva y de la mejoría
del movimiento hemolinfático.
No debe olvidarse que
la diatermia, como otros muchos métodos físicos, es una temperatura
de excitación. El calor que provoca y la hiperemia que desencadena
son síntomas inflamatorios, puesto que calor y rubor representan
los dos caracteres clínicos más importantes de la inflamación.
En muchos casos de enfermedades crónicas son deseables un aumento
de la inflamación y una agudización del proceso, que permiten
elevar la reacción defensiva del organismo y mueven así a
la curación. Es distinto cuando el organismo se encuentra ya en
el punto culminante de la lucha defensiva. Entonces es ya un exceso
cualquier aumento de la reacción , y el estímulo superfluo
añadido no actúa excitando, sino paralizando la función
lo que haremos será perjudicar a las células en su lucha
contra las enfermedades, en lugar de ayudarlas. En la diatermia, como en
todo otros tratamiento excitante, el arte del terapeuta está en
medir exactamente la cuantía del estímulo comunicado. |