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Ultrasonidos

ULTRASONIDOS

En Fisioterapia llamamos ultrasonidos a una terapia física que usamos con una frecuencia entre 1 y 3 MHz. Siendo la más usada para tratamiento terapéutico la de 1 MHz ya que su penetración es mayor , cuando deseamos trabajar sobre tejido que se encuentra a una profundidad de 4 o 5 cm es nuestra única elección posible.

Los equipos que incluyen la posibilidad de 3 MHz están destinados a concentrar la acción del ultrasonidos sobre las capas menos profundas de la piel y por tanto dirigidos hacia tratamiento estético, o en Fisioterapia tratamiento de cicatrices queloideas u otras patologías de carácter más superficial.

Es el equipo más usado por los fisioterapeutas, tanto es así que resulta prácticamente imposible encontrar un centro que no se encuentre equipado con ultrasonidos, esta predilección se encuentra directamente relacionada con su eficacia y bajo nivel de riesgo en su aplicación. Unos resultados óptimos en las patologías que tratamos con ultrasonidos unido a un bajo riesgo para el paciente, consolidan una técnica que además resulta en la mayor parte de los casos indolora.

ULTRASONIDOS EN LA REHABILITACIÓN DEPORTIVA.

Los nuevos equipos portátiles permiten contar con unos ultrasonidos de calidad, registro sanitario, de 1 MHz en cualquier lugar, es preferible que exista una toma de corriente pues los equipos de batería no siempre entregan toda la potencia que se necesita.

Los ultrasonidos junto a los equipos de electroestimulación son la terapia física más utilizada en la rehabilitación deportiva en la actualidad, no es posible imaginar una clínica de Fisioterapia orientada a la recuperación de deportistas sin equipamiento de ultrasonidos. Su eficacia demostrada junto a las mínimas contraindicaciones ha convertido esta terapia en imprescindible en el tratamiento de las lesiones tendinosas y ligamentosas, así como en un aliado imprescindible en el tratamiento de las contracturas musculares.

CARACTERÍSTICAS ESENCIALES DE UN EQUIPO DE ULTRASONIDOS PARA RHB DEPORTIVA.

Sin duda habrá de trabajar con una frecuencia de 1 MHz lo cual nos permite realizar tratamientos desde la superficie a la mayor profundidad, en cuanto a la consideración de que para tratamientos superficiales es mejor el de 3 MHz, conviene recordar que para que 1 MHz llegue a la profundidad ha de haber atravesado antes la superficie, vale la pena recordarlo porque tratando cicatrices queloideas con las que no obtenemos el resultado esperado con 3 MHz tenemos la alternativa de intentarlo con 1 MHz para conseguir el resultado deseado.

No podemos olvidar que alcanzar mayor o menor profundidad va a depender también de la intensidad con que apliquemos el ultrasonidos, con una potencia baja va a ser difícil que profundicemos con eficacia, así que si deseamos trabajar a gran profundidad será recomendable trabajar con más Watios por centímetro cuadrado, siempre cuidando el tiempo de tratamiento.

ULTRASONIDOS Y PROFUNDIDAD.

En primer lugar habremos de saber a ciencia cierta a que profundidad se encuentra el tejido lesionado, sabiendo que podemos alcanzar entre 4-5 cm. de profundidad máxima elevando la intensidad alcanzaremos zonas más profundas, con una intensidad baja el tejido superficial absorberá una gran parte de la energía suministrada.

La energía entregada por el cabezal del ultrasonidos disminuye conforme va atravesando los diversos tejidos con que se encuentra desde la piel hasta el hueso, la necesidad de usar gel se debe a la escasa capacidad de transmisión directa del ultrasonidos por el aire, así que el gel facilitará la eficacia de los ultrasonidos proporcionando el acople piel – cabezal.

El manípulo de los ultrasonidos se utiliza realizando movimiento lentos circulares, lineales o en zigzag, el objetivo es evitar sobredosis localizada en puntos concretos o un excesivo calentamiento del territorio a tratar. En todo caso si el paciente percibe molestias cuando le aplicamos esta terapia ello nos indicará que es preciso disminuir la dosis o aumentar la velocidad de desplazamiento del mando manual.

EFECTO MECÁNICO Y TÉRMICO DEL ULTRASONIDOS.

La transmisión de niveles altos de energía por medio de los ultrasonidos puede provocar un efecto térmico perceptible por el paciente en los tejidos en que lo aplicamos, la sensación de calor puede llegar a ser molesta y en esos casos es preciso disminuir la dosis, la vibración mecánica inducida por el sonido de alta frecuencia se transmite a través de la materia viva provocando un desplazamiento rítmico del elemento sobre el que incide, debido al efecto de compresión descompresión a que somete el pulso de los ultrasonidos a toda su área de aplicación, el efecto será tanto más intenso cuanta más energía apliquemos, hasta que llegado un punto comienza a sentirse una leve sensación térmica por encima de la cual no debemos seguir aplicándolo.

La capacidad de los ultrasonidos para obtener resultados satisfactorios se basa en la combinación de ambos efectos: mecánico y térmico, con los cuales se consigue elevar el trofismo del territorio tratado, mejorar la circulación local, activando la reducción de los edemas, favorece la relajación muscular y nos permite incluso introducir substancias en el interior del cuerpo humano por medio de la fonoforesis, la presión que generan las ondas sónicas nos ayuda a hacer penetrar substancias que inhiban el dolor, la inflamación o favorezcan la reparación de los tejidos afectados.

Todo ello unido hace que los fisioterapeutas recurramos a los ultrasonidos en múltiples patologías que afectan, sobre todo a músculos, tendones, fascias musculares, ligamentos, incluso en edemas y afectaciones del periostio, siempre con el cuidado que requiere su aplicación prestando especial atención a las contraindicaciones y al historial personal del paciente.

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