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Atención primaria: estrategias para la prevención de lesiones en sujetos físicamente activos. Análisis de variables indicadoras de daño e inflamación muscular

AUTORA:
Elsa Esteban Fernández
Fisioterapeuta colegiada
Granada

RESUMEN

El ejercicio físico realizado en determinadas condiciones puede producir fatiga, y ésta ser la causa de numerosas alteraciones y lesiones, por lo tanto, con la pretensión de prevención y creación de hábitos físico–deportivos saludables en personas físicamente activas, ya por su práctica durante el tiempo libre, ya por su ejercicio profesional, que requieren de esfuerzo físico relativamente intenso.

Con la aplicación de un programa de acondicionamiento físico (programa de actividad física salud) y/o la toma de un inmunomodulador se podrán evitar alteraciones del sistema inmune y retardar la aparición de la fatiga muscular local en los miembros inferiores favoreciendo la ejecución y mantenimiento de la actividad física recreativa y/o laboral, constituyendo en sí mismas estrategias preventivas en la atención primaria.

OBJETIVOS

1.- Elaboración de un programa de acondicionamiento físico orientado a la salud destinado a prevenir lesiones musculares inducidas por fatiga al mejorar el estado de forma físico global (variab. indep. I), y aporte de phlebodium decumanun como inmunomodulador (variab.indep. II).

2.- Determinación en sangre: Interleukina-6 (I-6) y creatina kinasa (CK), para conocer el estado inicial y la variabilidad tras los tratamientos, en cuanto a inflamación y daño muscular, respectivamente.

INTRODUCCIÓN E HIPÓTESIS DE ESTUDIO

Teniendo en cuenta la información creciente sobre los orígenes, causas y factores que elevan el riesgo de padecer muchas de estas enfermedades, es necesario aplicar medidas que hayan probado su eficacia y seguridad en la atenuación y prevención de las mismas. Este es el caso de la actividad y el ejercicio físico, sobre los que actualmente se dispone de datos que justifican su promoción generalizada como medida efectiva, segura, práctica y económica para la mejora de la salud y la prevención de enfermedades (1). No obstante, si el programa no esta bien orientado a las diferencias individuales y a las variables de sobrecarga, puede resultar un tanto excesivo, pudiendo provocar un sin número de manifestaciones adversas, ya sean fisiológicas, psicosomáticas y médicas que comprometan la salud de las personas (2). Existe una mínima diferencia entre entrenar lo justo para conseguir una excelente preparación acompañada de un buen estado de salud, y realizar una preparación excesiva, que pueda provocar lesiones, enfermedades, entumecimientos o una combinación de todo esto, conduciendo al sujeto a una situación de fatiga crónica y finalmente al síndrome de sobreentrenamiento (3) con todo lo que este estado patológico trae consigo.

El ejercicio físico recreativo es el verdadero motor de la salud física, mental y social, siendo su objetivo principal mejorar la calidad de vida. Investigaciones científicas de los últimos 20 años permiten concluir claramente que el ejercicio moderado, practicado con regularidad varias veces por semana, añade años a la vida humana, y rebaja significativamente los riesgos de un gran número de enfermedades (4).

La condición física saludable es un concepto que Alonso et al. (2003) (5) definen como ‘un estado dinámico de energía y vitalidad que permite a las personas llevar a cabo las tareas habituales de la vida diaria, disfrutar del tiempo de ocio activo y afrontar las posibles emergencias imprevistas sin una fatiga excesiva, a la vez que ayuda a evitar enfermedades hipocinéticas y a desarrollar al máximo la capacidad intelectual experimentando plenamente la alegría de vivir’. Los mismos autores, hacen una revisión bibliográfica y afirman que diferentes trabajos de investigación demuestran que en los sujetos con cierta limitación músculo – esquelética también se puede observar algún tipo de aspecto negativo en el estado de salud como riesgo de padecer diferentes tipos de limitaciones funcionales y de discapacidad para realizar tareas de la vida diaria, y con una mayor incidencia de enfermedades crónicas.

Y es que los componentes de la condición física que permiten aumentar la energía para el desarrollo de las actividades de la vida diaria y ayudar a proteger contra enfermedades degenerativas crónicas, son los llamados factores de la condición física salud. De nuevo, y corroborando lo expuesto en apartados anteriores, estos autores dicen que un programa de acondicionamiento físico para la salud deberá contemplar: resistencia aeróbica, fuerza y resistencia muscular y flexibilidad (5).

Desde la segunda o tercera década de vida, la capacidad funcional del ser humano comienza a disminuir de modo progresivo. Parece ser que las cualidades físicas de resistencia aeróbica y la flexibilidad no juegan un papel determinante en cuanto a la aparición de la dependencia funcional y discapacidad, exceptuando, para la primera cuando se la relaciona con enfermedades cardiovasculares, y para la segunda, cuando se refiere a pérdida extrema de flexibilidad y movilidad articular. En contra, la pérdida de fuerza y masa muscular será crucial (5).

Así, en un estudio realizado con mujeres de entre 25 y 66 años se observó que la fuerza máxima bilateral concéntrica de la extremidad inferior mostró una asociación con la percepción individual de salud y con la habilidad para el desarrollo de las actividades de la vida diaria y laboral debido al estado físico (6). Y otros estudios longitudinales observan que el entrenamiento de la fuerza muscular podría estar asociado con la mejora de diversos indicadores del bienestar psicológico (7, 8).

Por otro lado, pero relacionado con lo anterior, ya que sería una confluencia entre la fuerza máxima y la habilidad para realizar movimientos rápidamente (fuerza explosiva), tendríamos la potencia muscular. Alonso, en su estudio del 2002 (6) con mujeres de mediana edad, asocia una buena condición de fuerza explosiva con la facilidad para realizar las actividades diarias y de trabajo al propiciar la vitalidad en estas personas.

En cuanto a la mejora de la movilidad articular, Stone y colaboradores (1991) (9), la asocian con una disminución de la incidencia de lesiones músculo-esqueléticas y un aumento de la capacidad para realizar actividades de la vida diaria.

Procesos inflamatorios.

El ejercicio físico produce en el músculo, tejido conectivo, óseo y en las articulaciones microtraumatismos, dando lugar a lo que se conoce con el nombre de micro-trauma adaptativo (AMT) y es inducido por:

  1. El componente excéntrico del movimiento (10).
  2. Por las altas demandas metabólicas locales que crean focos de isquemia que pueden desembocar en lesiones (Child et al, 1998) (11).
  3. Por el estrés soportado por las articulaciones ante altas cargas (12).

El AMT produce inflamación aguda local y por ello liberación de los factores de inflamación local: las citocinas (11). Existen citocinas pro-inflamatorias (Interleukina 1 beta, Interleukina 6, Interleukina 8 y TNFalfa) y anti-inflamatorias (IL 4, IL 10, IL 13, y antagonista del receptor de IL 1 (IL 1ra)).

Dependiendo del entrenamiento y de la recuperación, esta inflamación aguda local, puede volverse crónica y las citocinas antes liberadas podrán activar la liberación de monocitos, que a su vez producen grandes cantidades de citocinas proinflamatorias, resultando con todo ello una inflamación sistémica (12) clave del síndrome de sobreentrenamiento.

El ejercicio cuando induce daño muscular, ya por AMT, por isquemia o hipoxia local, por contusiones o torsiones, o ya por el tipo de ejercicio desarrollado, se asocia con elevados niveles de citocinas pro y anti-inflamatorias. Cuando es ligero, produce un aumento de la concentración sérica de IL-6 pero no de TNFa ni de IL-1b. En el ejercicio intenso, la elevación de IL-6 parece que se correlaciona con la de la actividad de la enzima creatina fosfokinasa (CPK), que es un marcador indirecto del daño muscular (13, 14). En la bibliografía encontramos un estudio (15) donde tratan de comparar el ejercicio concéntrico con el excéntrico relacionándolos con el daño muscular a través de la determinación de la CK sérica. Las conclusiones que se extraen es que durante el ejercicio excéntrico los niveles de IL-6 son mayores y además muestra una asociación significativa con el pico de CK en días sucesivos (13; 16, 17).

La liberación de las citocinas en respuesta al ejercicio intenso se realiza de manera secuencial (al igual que en situaciones sépticas), pero la concentración de IL-6 puede aumentar hasta cien veces inmediatamente después del ejercicio (13, 14, 18). Los valores normales y el sistema de medida para la IL-6 sérica es 1.66–1.94 pg/ml, considerando que un incremento por encima de 3.6 pg/ml podría ser considerado síntoma de sobreentrenamiento (19).

Algunas de las afirmaciones que encontramos en la bibliografía en relación a la CPK son:

  1. Aumentos en los niveles séricos de este enzima en torno al 10-20% podrán ser debidos a cambios en el volumen plasmático durante el ejercicio. Si incrementa en torno a 20–25% será muy probable que exista lesión en el tejido (20).
  2. En sujetos desentrenados los niveles de CPK podrían llegar a ser 20 veces superiores a sus valores de reposo ante ejercicio intenso, mientras que en sujetos entrenados apenas se multiplican por dos los valores iniciales. De esta manera se contrasta la importancia del entrenamiento en la adaptación muscular al ejercicio (20).
  3. El incremento puede reflejar lesión o alteración microscópica a nivel de la célula muscular aunque coexiste con un aumento transitorio de la permeabilidad del sarcolema y a un aumento de la producción de radicales libres y su interacción con los componentes lipídicos de la membrana. el entrenamiento permanente genera valores ligeramente elevados (500-1000 UI) considerando valores superiores como susceptibles a estudio (21).

El rango que actualmente está establecido como valores normales de la CPK sérica y su sistema de medida es para los hombres entre 40-50 UI/l, y para las mujeres entre 30-40 UI/l. estos valores podrán incrementarse a unos 200 UI en esfuerzos intensos. Su medida post-ejercicio debido a la concentración pico se hace a las 24–48 horas (Noakes y cols. 1983) (20) aunque existe mucha variabilidad entre individuos.

Como ya se ha dicho, las alteraciones del sistema inmune, ampliamente mencionadas en la literatura, se acompañan de modificaciones sistémicas caracterizadas por hiperemia, astenia, predisposición a las infecciones, alteraciones locales titulares con patología inflamatoria y fatiga.

En la aparición de la fatiga muscular en el deporte, afectan multitud de factores: metabólicos, acumulo de metabolitos, desajustes hidroeléctricos, desequilibrios en la homeostasis mineral, tipo de ejercicio…Estudios realizados con deportistas sugieren que las alteraciones del sistema inmune pueden estar implicadas en la aparición de la fatiga muscular, a través de la anómala producción de citoquinas y de daños titulares. Esto se relaciona con la patogenia de lesiones musculares y con el estado sistémico de inflamación; y ésta última también la implican con el desarrollo de lesiones en el músculo fatigado (22).

Por ello, se vuelve a reforzar la idea del uso de medidas terapéuticas de prevención y ayuda, como los inmunomoduladores, en la recuperación de la inflamación y daño tisular originado por el estrés del ejercicio intenso y mantenido; o incluso, y prioritariamente, mejorar la condición física de la persona para relativizar la intensidad del ejercicio al estar mejor preparados para dar respuesta a los requerimientos del ejercicio y los procesos fisiológicos desencadenados (4, 14).

Phlebodium decumanun: inmunomodulador.

Una vez profundizado un poco en este sistema inmune, se justifica por sí sólo el interés por analizar los efectos de un inmunomodulador como el PhD, como posible minimizador y/o previsor de las alteraciones de éste sistema.Estudios donde se usa el PhD en la recuperación del deportista que se encuentra en una situación de fatiga subaguda, incluso bajo síndrome de sobreentrenamiento, demuestran que los deportistas que lo utilizan mantienen elevado y constante el nivel de esfuerzo sin la aparición de los efectos indeseables asociados a la fatiga (23, 24, 25).                      

Las formulaciones a base de PhD se obtienen a partir de una fracción hidrosoluble de fronda purificada y estandarizada. Esta fracción se obtiene por extracción hidroalcohólica de las frondas maduras, secas y trituradas, seguida de la eliminación del disolvente orgánico, concentración de la fase acuosa y purificación. Los controles físico – químicos y biológicos durante las etapas del proceso en el producto final demuestran la requerida reproducibilidad lote a lote. Este riguroso proceso tiene el objetivo de diferenciarlo de otros extractos no estandarizados que pudieran haber sido obtenidos de plantas silvestres, sin una rigurosa identificación botánica y sin los controles de calidad y criterios de selección y recolección que se aplican a las plantas cultivadas. A partir de esta fracción hidroalcohólica se pueden obtener formas líquidas (jarabes y cápsulas blandas) y formas sólidas (polvo, cápsulas duras y comprimidos), utilizando distintos excipientes. La mezcla de extracto con rizoma esterilizado y triturado, seguida de secado y homogeneización, da lugar a un polvo que puede utilizarse como tal o en forma de cápsulas.

La acción inmunomoduladora del PhD en modelos experimentales in vitro, ha sido estudiada por Punzón y Col. (2001, 2003) (23, 24) en el Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa” (de Universidad Autónoma de Madrid) concluyéndose lo siguiente: ‘el PhD tiene una acción reguladora de los niveles elevados de TNFa, cuando los macrófagos son estimulados por LPS y IFTgamma, debido al aumento de la liberación de receptores solubles (sTNF-R) que bloquean parcialmente (hasta un 80%) dichos picos de liberación de esta citoquina.

También se estudió los efectos del PhD sobre la inversión del síndrome de sobreentrenamiento y los efectos negativos del mismo (25). Se estudió el efecto en ciclistas sobre el rendimiento deportivo, la prevención del daño oxidativo y la disfunción del sistema inmune ligados al sobreesfuerzo físico. En esta investigación a pesar de la moderada intensidad del entrenamiento físico, los resultados mostraron una mejora significativa del rendimiento físico a nivel máximo (vatios, lactato, y cociente respiratorio máximos en cicloergómetro) y submáximos (reducción de la frecuencia cardiaca a nivel submáximo: 250 vatios) en comparación con el grupo placebo. Así mismo los resultados obtenidos sobre el daño oxidativo (ADN mitocondrial) y la disfunción inmune (IL-1, IL-6, TNF, TNF-rs, IL-1ra) son mejores en el grupo PhD que en el grupo placebo.

El uso del PhD en el tratamiento del síndrome de sobreentrenamiento y de los efectos negativos derivados, parece contribuir a que los deportistas que lo consumen son capaces de mantener un nivel de esfuerzo alto durante más tiempo, y además no se observa la aparición de alteraciones del rendimiento causadas por la instauración de la fatiga. Los efectos de este producto no son simplemente un aporte nutricional, sino que también tiene efectos reguladores de la respuesta inmunológica (23, 24).

Otro estudio afirma que el aporte del PhD beneficia a sujetos adultos no entrenados tras someterse a un programa de acondicionamiento físico de un mes, en cuanto a los efectos protectores frente a consecuencias del ejercicio físico sobre el daño y la fatiga muscular. Esta conclusión se extrae al observar el comportamiento de enzimas séricas como la CPK y la LDH, y el cortisol, donde se encuentran mejoría respecto los valores iniciales (26). Respecto a la CPK, los cambios están próximos a la significación estadística. El mismo estudio concluye que el aporte de PhD parece tener claros efectos beneficiosos sobre el rendimiento por su acción sobre la fatiga, por lo que podría afirmarse su efecto ergogénico (26).

Continuando con el estudio de González (2003) (26), el aporte de PhD parece tener efecto modulador sobre la disfunción inmune provocada por el ejercicio físico al verse mejorados valores de biomarcadores de la función inmune (entre ellos la IL-6) y de la respuesta inflamatoria secundaria. En cuanto a la IL-6, se encuentran valores inferiores estadísticamente significativos.

El esquiador no profesional, y más el grupo poblacional al que nos dedicamos: profesores de esquí alpino mínimo 5 días en semana, más de 4 horas diarias, desempañan un trabajo meramente físico, con mucha variabilidad en cuanto a la intensidad y volumen diario, con condiciones ambientales no siempre favorables y con pobres hábitos higiénicos–alimenticios. En estas condiciones, además de las añadidas por la falta de preparación física adecuada se podrían considerar como una población bastante expuesta situaciones de depresión del sistema inmune, vulnerables a síndromes de fatiga y en consecuencia a lesiones, que, además de mermar la salud, perjudica a su trabajo, a su forma de vida.

La hipótesis que planteamos sería: el ejercicio físico producido en determinadas condiciones puede producir fatiga, y ésta ser la causa de numerosas alteraciones y lesiones, por lo tanto, con la pretensión de prevención y creación de hábitos físico – deportivos saludables en personas que viven de la nieve y/o les gusta la práctica del esquí alpino, queremos demostrar que con la aplicación de un programa de acondicionamiento físico (programa de actividad física salud) y/o  la toma de un inmunomodulador se podrán evitar alteraciones del sistema inmune y retardar la aparición de la fatiga muscular local en los miembros inferiores favoreciendo la ejecución y mantenimiento de la actividad física recreativa y laboral, constituyendo en sí mismas estrategias preventivas en la atención primaria.

MATERIAL Y MÉTODO.

28 profesores/as de esquí alpino, no entrenados divididos en 4 grupos: 1 control y 3 experimentales que se someten a un programa de acondicionamiento salud (G.E.1), a  suplementación (PhD) (G.E.2) o ambas (G.E.3), con una duración de 4 semanas. Diseño factorial con pre y post test. Estadísitica descriptiva y comparativa (Levene, Anova y T de Dunnett). El programa de acondicionamiento tuvo una frecuencia de 3 sesiones semanales que incluyen el trabajo de las cualidades físicas referidas anteriormente, y la suplementación del Phlebodium decumanum fue en forma de cápsulas de 400 mgr, cuyo contenido era: 250 mgr de extracto de fracción hidrosoluble del phlebodium decumanum + 150 mgr de polvo de rizoma. El extracto de PhD se obtuvo siguiendo el procedimiento descrito en la patente de invención española ‘Empleo de formulaciones a base de fracciones hidrosolubles de Phlebodium decumanun (EXPLY-37) yo-Polypodium leucotomos como complemento nutricional en el prevención y reversión del síndrome de sobreesfuerzo físico’ (27). La posología fue de 1.6 gr diarios del producto (4 cápsulas diarias), con una distribución de 2 cápsulas antes del desayuno y 2 cápsulas a media tarde.

RESULTADOS

Gráficos resumen de los resultados de las dos variables, de los cuatro grupos en el pre-tratamiento y en el post-tratamiento.


     

DISCUSIÓN

La interleukina 6 tiene, según la bibliografía, efectos importantes sobre los hepatocitos, linfocitos B y fagotitos mononucleares responsables de la producción de otras citokinas proinflamatorias (IL-1, TNF-α) (28, 18). Como ya se ha mencionado, es un importante mediador de la respuesta aguda ante situaciones estresantes como el ejercicio físico intenso. Actúa para prevenir un nuevo daño muscular e iniciar la activación de los procesos de reparación (13, 29). Incluso, parece ser que aumenta la producción de ACTH (30).

Cuando el ejercicio físico realizado es ligero, parece ser que existe un incremento de IL-6 pero no de IL-1, TNF-α (18). Sin embargo, tras ejercicio físico intenso, la elevación de los niveles séricos de IL-6 puede hasta aumentar 100 veces respecto a niveles basales, inmediatamente después del ejercicio, principalmente en protocolos de larga duración (13, 18). Además, en estos casos el aumento intenso se correlaciona con la actividad de la enzima creatina kinasa (CK) que es un marcador indirecto de daño muscular (13).

Las últimas investigaciones en torno a la IL-6 muestran que la tendencia al incremento de manera exponencial y alcanzando sus picos de concentración al finalizar el ejercicio ocurre cuando el glucógeno muscular está bastante disminuido (31). Así se plantea la hipótesis de que el aumento de IL-6 está relacionada con la depleción de los depósitos de glucógeno inducido por ejercicio (32), incluso sin cambios en los niveles de glucemia (33, 34).

Por tanto, se puede concluir que el aumento de IL-6 está relacionada con la actividad muscular, con la intensidad de la misma, con los depósitos de glucosa y la concentración plasmática de adrenalina (35). Este aumento, junto con otras citokinas, inducido por el ejercicio sugiere un importante efecto antiinflamatorio (36). Esta producción de IL-6, modulada por la disponibilidad de carbohidratos tendrá efecto sobre el tejido adiposo induciendo a lipólisis (32).

Se puede afirmar los deportistas que lo consumen son capaces de mantener un nivel de esfuerzo alto durante más tiempo sin signos de instauración de fatiga. Esto es porque además de ser un aporte nutricional tiene efectos reguladores sobre la respuesta inmune (23, 24). Estos mismos investigadores, también han estudiado la acción inmunomoduladora en modelos experimentales in vitro, e igualmente obtienen interesantes resultados.

Otro trabajo reciente que sigue la misma línea, encuentra en sujetos no entrenados sometidos a un programa de acondicionamiento físico de 1 mes, que después del tratamiento experimental, sus niveles de IL-6 después de ejercicio eran inferiores y estadísticamente significativos respecto al grupo que realizando el mismo programa no ingería el Phlebodium decumanum (26).

A la vista de los resultados, se demuestra que tanto el programa de acondicionamiento físico como el aporte del PhD, como la combinación ambas revierten efectos beneficiosos para estos sujetos. Encontramos que la situación inicial post tratamiento no se modifica, y lejos de parecer desalentador, diremos lo contrario. Y es que todos los sujetos de los cuatro grupos experimentales han seguido desarrollando su actividad laboral, implicando ejercicio físico como el que realizaba hasta el estudio. Estímulo que podría agudizar esos efectos indeseables condicionando el establecimiento de fatiga prolongada en el tiempo o alteraciones del sistema inmune. Mientras el grupo control muestra una media post esfuerzo más alta en la concentración de la IL-6 sérica, inter e intra-grupo (19.45 pg/ml), los tres grupos experimentales la muestran sensiblemente más baja.

En cualquiera de los tres grupos experimentales, las respuestas de IL-6 están en torno a los valores normales establecidos, y la estadística muestra diferencias significativas respecto al grupo control pudiendo afirmar que la manipulación de las variables tanto individualmente como asociadas influye positivamente en la respuesta inflamatoria mediada por la IL-6 ante este tipo de demandas (p = 0.005).

Los resultados están en la línea de otros trabajos realizados con PhD (23, 25, 26), donde parece existir ese efecto inmunomodulador. De igual manera, están acorde con otros estudios que contrastan la elevación excesiva tras ejercicio intenso y con relación al incremento de la CK presencia de componente excéntrico (18, 32), y en sujetos entrenados inespecíficamente tras desarrollo de ejercicio anaeróbico (37). Con los resultados de CK podremos comprobar si el aumento de IL-6, indicativo de estado inflamatorio, en los sujetos están o no en la línea de los estudios que también encuentran daño muscular (15, 16, 17, 32). Además, una mera preparación física podría evitar la agudización de los efectos inflamatorios inducidos por el ejercicio, principalmente cuando hay esfuerzos intensos a los que no se está acostumbrado. Ambas estrategias y su asociación están mejorando este efecto inflamatorio.

Un estudio, realizado por Klapcinska (2001) (38) donde se comparan sujetos entrenados con no entrenados, observan aumentos significativos en toda la muestra de los niveles séricos de CK tras un sprint de 300 metros. Observan mayor concentración al llegar al pico en los no entrenados que en los entrenados, pero necesitando los primeros más tiempo para llegar al mismo (20 horas tras finalizar) frente a la prácticamente inmediatez en los entrenados. Concluyen que en los sujetos entrenados tienen cambios menos pronunciados posiblemente debido indirectamente a su capacidad de defensa y eficacia antioxidantes de los mecanismos anaerobios adquiridos con el entrenamiento (38).

Vincet y Vincent (1997) (39) también comparó sujetos de diferente nivel de entrenamiento, en este caso levantadores de pesas, y tras una sesión de fuerza en la que percibían el mismo dolor muscular, la respuesta de CK sérica fue muy diferente: 1349 UI/l en entrenados versus 3272 UI/l en no entrenados.

Sin embargo, Cabrera y col. (1997) (40) realizan un estudio con varones sedentarios adultos a los que someten a un acondicionamiento físico fundamentalmente aeróbico y encuentran que los niveles de CPK están aumentados después del tratamiento tanto pre como post ejercicio. Simplemente otorgan a la variabilidad individual, las discrepancias en los resultados.

Algunas de las afirmaciones que encontramos en la bibliografía, por encima del gran debate abierto entre autores, determinan que aumentos séricos en torno al 10-20% de CK pueden ser debidos a cambios en el volumen plasmático durante el ejercicio, mientras que los que son en torno al 20-25% son probablemente indicadores de lesión en el tejido. En sujetos no entrenados los incrementos de CK as ejercicio intenso pueden llegar a ser 20 veces superiores a sus valores de reposo, a la vez que en sujetos entrenados pueden apenas, multiplicarse por dos (20). Sin olvidar, la ya mencionada, relación entre incrementos notables de la IL-6 con los tardíos picos de concentración de CK sanguínea tras protocolos de ejercicio excéntricos, denotando el daño muscular. En estos casos, el pico de CK se alcanza a los 4 o 5 días (15).

Con esto se contrasta el papel protector que conlleva la práctica regular y adecuada de actividad física, gracias a la adaptación muscular que se logra con el entrenamiento.

Pero un aporte nutricional, como el phlebodium decumanum, también podría contribuir en esta medida preventivo-protectora sobre efectos indeseables inducidos por el ejercicio físico. Y es que, un estudio al que ya hemos hecho referencia con anterioridad (26) también observa mejoría en los valores de la CK post tratamiento respecto a los valores iniciales y comparándolo con el grupo no suplementado.

En esta variable las mayores diferencias en situación de fatiga se dan entre el grupo control y el G.E.3 (aporte de PhD y realización de programa de acondicionamiento físico) a pesar que la mejoría es significativa también en el G.E.2. Podemos afirmar, por tanto que el daño muscular que puede derivarse del ejercicio físico podría minimizarse con cualquiera de las variables independientes, pero si las asociamos serán mejores los resultados, teniendo comportamiento similar al observado en el cortisol e incluso en la IL-6. Donde, además, ya se había mencionado la relación entre ejercicio intenso y con componente excéntrico y la elevación de CK e IL-6 (15-17, 32). El PhD protege al organismo actuando como inmunomodulador, frente a efectos perjudiciales inducidos por el ejercicio físico (1, 23-26), y el entrenamiento puede actuar creando adaptaciones neuromusculares que permitan responder de mejor manera ante solicitaciones musculares intensas, principalmente cuando son esfuerzos no habituales e implicando un componente excéntrico, corroborando los hallazgos de la literatura (10, 26, 32, 41).

De cualquier manera, los aumentos de CK tras el ejercicio siguen indicando daño muscular porque superan en 25% (20), pero claramente se ve un menor incremento en este G.E.3. Así mismo, cabe destacar que los valores de la situación inicial son elevados de por si, incrementados por la práctica laboral de cada uno de los sujetos, y aunque sin diferencias significativas, la situación inicial de todos los grupos experimentales post-tratamiento parte de valores inferiores.

Posiblemente, tanto la duración del programa de entrenamiento como la ingesta del PhD, o incluso la dosis podían haberse aumentado pudiendo aclarar lo que aquí parece acontecer en cuanto al daño muscular. Recordemos que la dosis dada a los sujetos experimentales ha sido inferior que el resto de estudios (1, 23-25) por motivos de diseño y que el programa de acondicionamiento era general y sin buscar mejora del rendimiento como tal.

Luego, los hallazgos parecen alentadores, de hecho son significativos, pero aún existe ese efecto nocivo derivado de este tipo de esfuerzos que habrá que minimizar, pero no olvidemos que los picos de CK son menos altos en sujetos entrenados (39, 38) y aquí tan sólo ha habido 4 semanas de tratamiento.

CONCLUSIONES

  1. Los sujetos del estudio manifiestan tras la realización de ejercicio físico intenso y fatigante de carácter fundamentalmente anaeróbico y con componente excéntrico, respuestas: inflamatorias (IL-6) y de daño muscular (CK).
  2. Después del tratamiento, manifiestan respuestas minimizadas principalmente donde se asociaba la manipulación de variables combinando los efectos del programa de acondicionamiento y la protección del inmunodulador.
  3. Dada la previsión del aumento de practicantes de la actividad física general en la población occidental, los resultados del estudio son esperanzadores en cuanto al freno de la cascada oxidativa y disfunción inmune así como evitar riesgos potenciales derivados del ejercicio de alta intensidad.
  4. Igualmente, cualquiera de los tratamientos y más aún, la asociación de ambos, son estrategias preventivas efectivas en las lesiones del aparato locomotor, ya en personas físicamente activas, ya en deportistas. La fácil y barata aplicación, así como  la ausencia de efectos secundarios, hacen de estas estrategias preventivas una realidad a tener en cuenta en la atención primaria en fisioterapia, por permitir, principalmente, la adquisición de hábitos físico – higiénicos saludables para todos los sectores de la población.

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