El estrés y el síndrome del túnel carpiano


El estrés y el síndrome del túnel carpiano

Esmeralda Banacloy. Fisioterapeuta
Francisco Barrios. Flautista

El estrés es siempre una forma no específica de respuesta, es con lo que nuestro sistema fisiológico responde ante un agente externo que se interpreta como agresor. El estrés no es siempre negativo, de hecho existe una palabra para el estrés positivo: eustrés o buen estrés, el buen estrés nos proporciona energía y nos induce a la actividad, lo que conocemos simplemente como estrés se suele producir ante peligros, urgencias, esfuerzos excesivos, presiones psicológicas.

Una audición puede producir eustrés en un músico y distress (estrés negativo) en otro, la práctica instrumental puede producir distress en el primer músico citada anteriormente y eustrés en el músico al que la audición le estresaba.

El estrés no es algo mental, siempre supone una respuesta fisiológica de nuestro organismo frente a un estímulo agresor que puede ser de origen externo, presentarnos a unas oposiciones por ejemplo, pero también puede ser de origen interno ya que determinados pensamientos o preocupaciones sobre nuestra ejecución musical pueden llevar a nuestro cuerpo a que segregue aquellas hormonas que a su vez generarán los cambios que afectarán a nuestro organismo.

Así que nos encontramos con que en general, y dentro del mundo de la música en especial, actividades que generan distress en unos producirán eustrés en otros, existe un factor de predisposición, de aprendizaje que hace que experimentemos con mayor facilidad estrés positivo o negativo.

Realmente el distress es un modo de respuesta inadecuado cuando nos enfrentamos tanto al aprendizaje como a la práctica o la enseñanza de la música, lo es precisamente porque todo nuestro sistema neuromuscular ha de sufrir una sobrecarga para realizar tareas que en condiciones normales y sin estrés apenas requerían gasto energético.

Nuestro cuerpo busca continuamente el equilibrio, lo que en fisiología se conoce como homeostasia, en ese punto de equilibrio es cuando funcionamos mejor, todo va bien y cualquier tarea que emprendemos parece desarrollarse con suma facilidad, cuando aparece el distress nuestro cuerpo se ve sometido a presiones que acabarán desencadenando toda una serie de tensiones musculares. Si el tronco se tensa la respiración se dificulta, nos damos cuenta y eso aumenta el estrés y la tensión muscular, es un proceso que se reactiva y empeora por sí mismo si no disponemos de los medios para atajarlo. Si estoy estresado y fallo en la ejecución musical, me doy cuenta y ello añade un nuevo factor de tensión lo cual hace que me estrese más produciéndose un efecto de realimentación sin fin.

Si estoy muy estresado o mantengo mi cuerpo en esta situación muy a menudo todo mi organismo deberá adaptarse constantemente y realizar un esfuerzo enorme para mantenerse en el punto de equilibrio, los problemas no aparecen todavía en toda su intensidad pero poco a poco el organismo se puede ir aproximando hacia un estado de agotamiento, el estrés no tiende a reducirse por sí mismo sino a incrementar su dominio sobre nosotros, cada vez agentes estresores menores desencadenarán un desequilibrio mayor y así sucesivamente si no le ponemos remedio.

En una gran parte de las ocasiones una lesión como el síndrome del túnel carpiano no se manifiesta por una acción única, por haber realizado un esfuerzo concreto y determinado en el día de hoy, lo que suele suceder sin embargo es que determinadas tensiones que no han podido solventarse, en las que nuestra musculatura no ha vuelto al punto de equilibrio, se acumulan y dificultan  cada vez más nuestra ejecución y la recuperación muscular de cara a nuestra próxima actuación, con ello la próxima vez volveremos a realizar esfuerzos desacostumbrados, contando ya con tensiones previas que no han sido solucionadas y que desembocarán en que, tras un esfuerzo similar al de otras ocasiones, llegue a producirse una lesión de importancia tal como el síndrome del túnel carpiano.

Cuando el cuerpo está agotado, cuando se ha aprendido a estresarse ante estímulos cada vez menores nuestro cuerpo acumulará contracturas que irán comprimiendo su estructura, y en lugar de realizar una ejecución en la que intervengan sólo los músculos necesarios, se producirán contracciones de los músculos antagonistas, oponiéndose a un movimiento ágil y adaptado en lugar de relajarse, es por esto que, debido al estrés, los músculos que se oponen al movimiento entra en acción y dificultan cualquier tarea en la práctica musical, transformando lo que deberían ser movimientos sencillos en un esfuerzo ingrato.

Cuando el estrés se agudiza, cualquier estimulación que provenga del exterior o del interior puede llegar a convertirse en un problema real, cualquier ruido, cualquier pensamiento negativo, un comentario desagradable de otra persona, pueden desencadenar la reacción de alarma, hacer que reaccionemos de forma excesiva. Si esto se convierte en una costumbre podemos encontrarnos agotados ya cuando nos levantamos al amanecer, permaneciendo en un estado de semi-agotamiento durante todo el día.

Las respuestas que se producen ante el estrés son muy específicas y dependen de cada persona. Cada músico interpretará las sensaciones, emociones y pensamientos que surjan del estrés de un modo totalmente particular. Hay que tener en cuenta que el estrés es un modo muy personal de defensa ante las más diversas situaciones con las que nos podemos encontrar pero también puede ser, si no se encuentra debidamente modulado, un agente capaz de provocarnos problemas sin fin.

No sólo nos encontramos en el escenario, permanecemos frente a multitud de personas, estamos en el mundo y el mundo en nosotros, es preciso comprender que el estrés puede debilitarnos pero también fortalecernos, cuando desarrollamos la habilidad de hacerle frente, el estrés está ahí para que nos enfrentemos al mundo y demostrar de qué somos capaces.

El mundo interno que somos, el mundo externo físico y el resto de las personas interactúan. Si tras nuestros esfuerzos, aprendizajes y relaciones de todo tipo nos encontramos mejor, nuestros movimientos físicos y mentales estarán adaptados a lo que necesite cada situación y progresaremos en las actividades que emprendamos, en otro caso si la atención permanece constante, el desequilibrio será permanente y mejorar se convertirá en una tarea inasequible.

Consideraremos que estamos frente a una situación de estrés cuando un determinado estímulo es capaz de inducir, en nuestro organismo, una situación de desequilibrio que dificulta la adaptación al siguiente esfuerzo que hemos de realizar. Esa sobrecarga supondrá un quebranto del funcionamiento en armonía, el estímulo puede ser de cualquier tipo, pero lo realmente importante es el tipo de respuesta que seamos capaces de realizar, por lo tanto somos responsables y estamos obligados a preparar nuestro cuerpo frente a los desafíos a los que habrá que enfrentarse, hemos de proporcionar todo un conjunto de respuestas correctas, evolutivamente estables frente a las situaciones de estrés. Si se comprendiera su importancia, el aprendizaje de las técnicas de relajación sería obligatorio.

 Percepción de la ansiedad.

Cuando el estrés se convierte en algo permanente, no sólo durante un día, sino durante una semana, cuando se convierte en algo que aceptamos dentro de nuestro modo de vida, no tardarán en mostrarse todo una serie de actuaciones incorrectas, inadecuadas en relación al medio en que nos encontramos, la realidad se verá de otra manera y  la ansiedad aparecerá. No se muestra como un estado patológico desde el comienzo, sin embargo con el paso del tiempo acabará siéndolo.

 El nivel de esfuerzo que habrá de realizarse cada día, supondra tanta tensión, que los músculos necesitarán hacer mucho más trabajo del adecuado, habrá que vencer a la musculatura antagonista para realizar cualquier acción, no sólo debemos poner en marcha los músculos que realizan la acción, sino que, habrá que forzarlos para que venzan la oposición de los músculos que la impiden, además, el sistema hormonal adrenérgico se hiperactivará y el organismo se sensibilizará cada vez más ante estímulos más pequeños, generando respuestas excesivas en casi todos los casos, esa hipersensibilidad al estrés producirá un déficit de adaptación ante las situaciones normales de la vida y con ello una situación penosa de agotamiento permanente.

Cualquier estímulo externo será capaz de acelerar el ritmo cardíaco, elevar la tensión arterial y provocar una contracción excesiva. Todo ello decididamente absurdo e innecesario ante un mínimo estímulo.

 Estrés y adaptación.

El estrés en sí mismo no es algo malo, pues es lo que ha llevado a la especie humana hasta el momento presente, si nuestros antepasados no hubiesen reaccionado de forma excesiva ante una fiera, ante el fuego, la agresión y todo tipo de peligros, nosotros no estaríamos aquí, cualquier homínido que ante el rugido de un león se puso a meditar no dejó descendencia. El estrés es un elemento acelerador, provoca una respuesta que nos entrega energía a raudales, hace segregar glucógeno para que tengamos energía rápida disponible, libera grasas para que cuando se acabe la energía rápida dispongamos de reservas, acelera el ritmo cardíaco para que podamos actuar con mayor velocidad, luchar o huir, pero siempre se presupone una acción, si ésta no se realiza las hormonas siguen actuando del mismo modo, liberan grasas que irán a taponar las arterias, es por lo que personas delgadas con altos índices de estrés tienen grandes niveles de colesterol.

Las personas hoy en día se encuentran sometidas a estrés estando sentadas o inmóviles, cuando se produce el estrés las sustancias que generan las glándulas suprarrenales no son consumidas y eso enferma nuestro cuerpo, no hay reacción de lucha o huida. Los sistemas de que dispone nuestro cuerpo para reaccionar ante mínimos estresores son prácticamente infinitos, si en el pasado no sobrevivía el que no reaccionaba, ahora no sobrevive el que reacciona excesivamente. Nuestra salud va a depender de que nos ayudemos a volver a un estado de confort, de equilibrio. La relajación es una estrategia cultural que nos permite colaborar con nuestro cuerpo para mantener y mejorar su salud.

 La relajación.

La relajación y las técnicas de meditación existen desde hace miles de años, siempre han sido un método de adaptación, si en el pasado servían para adaptarse a una naturaleza inclemente, para sobrevivir en situaciones extremas o como métodos de desarrollo de la conciencia, hoy en día son el medio por el cual podemos crear un tipo de orden interno que supere el acoso del caos en que parece desarrollarse el mundo actual.

Si el cuerpo y la mente dejan de estar acelerados, si las innumerables tareas que nos reclaman y debemos atender sin parar tienen un orden o disminuyen, si establecemos una jerarquía sobre la cual se basen nuestros verdaderos valores, entonces en vez de luchar por conseguir una meta fluimos hacia ella. Mejorar nuestros resultados en la práctica instrumental no se producirá por un esfuerzo desbocado, no llegará por el sufrimiento que sólo genera tensión inútil, sólo un estado de calma sin esfuerzo es capaz de transformar de forma eficaz un instrumento y nuestra destreza en una obra de arte.

La relajación incluye un conjunto de técnicas que permite mejorar o aprender con mayor habilidad aquello que deseamos, facilitando al mismo tiempo un estado de equilibrio y salud corporal. El aprendizaje de las mismas nos permite acercarnos más a un estado de equilibrio más vital y energético, en contraposición a lo que supone el estrés y la ansiedad como estados que sólo llevan al agotamiento y el deterioro. La relajación supone una barrera frente a las emociones negativas que pueden dificultar nuestra ejecución musical, el estrés necesita desorden, la relajación crea orden interno. Nuestra cultura no se dedica a promocionar la relajación como medio para liberarse de las emociones negativas, del agotamiento, siempre es una opción individual, si uno se da cuenta de lo que suponen, puede intentar educarse de forma efectiva en un método saludable que le da sentido a la frase de que, prevenir es mejor que curar.

Precisamente hablamos de cultura, la música es cultura, no es biología. Lo mismo sucede con la relajación, requiere un trabajo de aprendizaje, del mismo modo que la interpretación musical, permite acceder a un lenguaje nuevo de interpretación, no ya de partituras, sino del cuerpo y del medio ambiente en que se desarrolla.

Es mejor prevenir una lesión del túnel carpiano que curarla, además es más económico y más grato. Aunque vivimos en una sociedad que pone el acento en curar, la verdad es que no siempre es posible devolver la salud, es mejor dedicar un tiempo a cuidarnos, a fortalecer y mejorar las cualidades físicas de nuestro cuerpo, es mejor aprender a tener un buen descanso y evitar las tensiones innecesarias. Si el cuerpo físico, la emoción, la sensaciones funcionan por separado, no tenemos energía, cuando el cuerpo quiere una cosa y la emoción otra, cuando se siente algo distinto a lo que se quiere deja de existir esa cualidad que no solamente es importante en la música, la armonía desaparece y en vez de una melodía la vida se convierte en una serie de ruidos sin sentido.

La relajación no se produce por casualidad, la música no se produce aleatoriamente, el caos se produce casualmente, la relajación procura que el cuerpo físico, la emoción y la sensación se encuentren unidas, en armonía, no es algo mecánico, requiere aprendizaje. La relajación induce un estado energético y de calma, mejora la salud y nos entrega una mayor conciencia corporal. Es una experiencia vital, dirige nuestra atención y concentración, es por es que en realidad, más relajado implica siempre más energético, la musculatura tensa es una musculatura que no puede alcanzar su funcionalidad, un músculo relajado se encuentra en una situación de mayor energía y eso es así tanto para un deportista como para un músico. La relajación supone en todo trabajo un rendimiento superior con un esfuerzo menor. Los estados de estrés provocan sensaciones desagradables que son debidas a la sobrecarga de nuestra capacidad de adaptación, añaden sufrimiento a nuestro cuerpo y con ello una disminución de nuestros niveles de energía física y mental.

Con la relajación se desarrolla la capacidad voluntaria que nos permite regresar desde el estado de estrés al de calma activa. Existe la confusión de que estar relajado implica estar quieto, no hacer nada, y esto no podría estar nada más lejos de la realidad. Estar relajado implica estar preparado para actuar, encontrarnos en el punto de equilibrio desde el cual poder ir en cualquier dirección que deseemos, porque estar relajado implica que tenemos a nuestra disposición energía y sin ella no podremos hacer nada.

El hábito del estrés está tan arraigado que muchas personas cuando comienzan a practicar relajación lo hacen esforzándose mucho. En cierto modo la relajación se parece mucho a afinar un instrumento, sólo que en este caso el instrumento somos nosotros, si un instrumento no suena bien es preferible no hacer que suene más fuerte, mejor ajustarlo, con un músico sucede lo mismo. La relajación nos ayuda en ese tipo especial de ajuste.

Somos nuestro cuerpo y para establecer un control fino, debemos desarrollar nuestra sensibilidad, hemos de ser capaces de percibir con claridad nuestros movimientos, nuestras sensaciones, desarrollar una calidad de atención más sutil dirigida esta vez hacia el interior, el músico es el instrumento. Mejorar la sensibilidad produce sensaciones diferentes, facilita un movimiento sin tensión, sin  resistencia. La relajación es una práctica que incrementa nuestras capacidades, todos los deportistas de élite la utilizan y en muchas ocasiones la práctica instrumental requiere un esfuerzo comparable al de un deportista.

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